06.23.08

Inferno, un relato de terror.

Publicado en Mis Escritos tagged , a 9:12 am por carlaiel

Hoy os traigo un pequeño relato de terror que dividiré en dos partes, ahora os colgaré la primera y en un par de días aproximadamente, tendréis la segunda parte aquí también, en el blog ;)

   Espero que os guste éste pequeño relato de terror y que os aterrorice tanto como a mi me ha asustado escribirlo. ¡Saludos!

INFERNO

Entonces, cuando, desde el coche ya se vislumbraba el caserón en el que vivirían durante unos meses; suspiraron profundamente, aletargados. Rebecca sonrió ante la furtiva mirada de Gabriel que, entre risas y susurros parecía querer decirla algo.- ¿Te pasa algo? –preguntó ella con un hilo de voz.
- No, nada –mintió. Las manos le temblaban aparentemente y, una gota de sudor resbalaba por su rostro con lentitud arrastrando miles de partículas de suciedad.
- Seguro –admitió con ironía; insatisfecha.

Un incomodo silencio abarrotó el momento. Ninguno de los dos rompió el hielo, conscientes de que si pronunciaban cualquier palabra, acabarían enlazados, besándose con pasión y desenfreno. Sus labios pedían clemencia.
Los últimos rayos del crepúsculo raptaban por las colinas cercanas al caserón destartalado que, a penas unos pocos metros esperaba a la pareja con impaciencia. Gabriel aparcó cerca del porche principal, enlosado con viejas baldosas de color granate, ya agrietadas y enmugrecidas. La puerta principal, de madera, parecía ir a caerse en cualquier momento y, la mayoría de las ventanas, cubiertas de polvo, estaban incompletas.

Rebecca salió del coche tras cerrar la puerta de éste de un golpe, sin pensarlo. No podía apartar la mirada de la casa que, ante ellos se erguía orgullosa bajo los últimos rayos del ocaso, esperando a que un manto oscuro y salpicado de pequeñas motas centelleantes se cerniera sobre su tejado. La noche. La luna y las estrellas; reinas de la oscuridad.

- El sol se pone –anunció Gabriel con un tono rudo.
- Entremos, organicémonos antes de que oscurezca.
- Tranquila –Gabriel se acercó lentamente a Rebecca. Entonces, la besó sin vergüenza alguna, al separarse continuó-: La luna llena nos iluminará –sonrió lujuriosamente.

A Rebecca la subieron los colores, dos llamas de color escarlata se alzaron en sus pómulos, delatando lo cohibida que se sentía, el corte que la producía hablar de eso… con él.

- Entremos –replicó ella tras el silencio, dándole un cachete vacilante en el costado.
- Sí –rió de nuevo.

Entraron en la casa. La puerta chirrió estrepitosamente nada más girar el pomo de ésta. La oscuridad se cernía sobre el recibidor en el que nadie les esperaba…

- Hace años que nadie entra aquí –sentenció Rebecca, aferrándose a la cintura de su pareja.
- Pues aquí estamos nosotros y… no creo que nos pase nada –dijo riendo. Gabriel se acicaló el cabello oscuro, brillante bajo la luz de las estrellas que, aparecían poco a poco.
- No tientes a la suerte –dijo ella con rotundidad.

Él calló. Otra vez.
Rebecca entró la primera. La madera crujió bajo sus pies. Brincó, aterrada. No sólo sus pies habían producido aquél tétrico chasquido, percibió como algo más había bajo aquellas tablillas de madera putrefacta.

- He sentido algo –dijo ella, histérica.

Él se carcajeó, como burlándose de Rebecca qué, en esos momentos estaba algo encorvada y con la mano en el pecho, sintiendo cómo su corazón latía a mil por hora.

- Tranquila, no te dejes llevar por la imaginación, mejor utilízala para escribir algún artículo –la reprochó. Rebecca llevaba buscando trabajo cómo periodista desde hacía meses y ninguna revista, periódico o semanal se había dignado a aceptarla-. A lo mejor así te cogen en algún lado –dijo irónicamente.

Rebecca refunfuñó mientras que se adentraba más y más en la casa. Tanteó las paredes, buscando algún interruptor que encendiese alguna luz, que la permitiese ver algo. Ya solo la luna les iluminaba. La oscuridad se cernía sobre ellos… amenazante. Al fin consiguió tocar un viejo, sucio y destartalado interruptor.
Una luz parpadeó y, en mitad de ese vaivén de iluminación creyó ver una silueta al fondo de la sala, alzando las manos hacia el cielo. La puerta se cerró de golpe. Saltó aterrada.

- Tranquila, cariño –la calmó Gabriel-. Sólo he sido yo, hay corriente, la he cerrado de un portazo sin querer.
- Ah, vale –suspiró, calmándose a sí misma.

Se adentró más y más en la sala, ignorando lo que había visto hacía penas un minuto, haciéndose creer a sí misma que había sido fruto de su imaginación. Al final de la sala un arco llevaba a otra habitación aún más grande, aparentemente un gran salón decorado con muebles antiquísimos que, a su vez, estaban cubiertos por una densa capa de polvo.

- Entra, Rebecca –la instó su novio, tirándola del brazo.
- No, no –se negó, al pensar que aquélla silueta siguiese allí, acechándolos.
- ¡Venga, miedica! –se burló él, esbozando una mueca de sorpresa-, ¡No pasa nada!
- No –se negó de nuevo. Las piernas le temblaban.
- Bueno, pues nada –refunfuñó Gabriel, aburrido.
- Subamos a… a… a las habitaciones –tartamudeó. El sudor resbalaba por su frente.

Gabriel la dio de la mano, confiando en que aquél estado se esfumase nada más llegar la hora de dormir.
Subieron las escaleras lentamente. La madera crujía bajo sus pies y Rebecca seguía recordando aquélla imagen, ésa silueta que, entre las sombras se había aparecido ante ella, inexorablemente. Atravesaron el corredor. Rebecca se paró al cabo de unos segundos, aterrorizada.

- ¿Qué ocurre? –dijo Gabriel, suspirando profundamente, aburrido.
- Tengo frío… Mucho frío-musitó con los ojos en blanco. Reprimió un escalofrío y sintió como la brisa parecía querer susurrarla algo.

El viento silbaba en el exterior, meciendo las copas de los árboles bajo un manto de estrellas inusualmente mágico, esplendoroso. Mientras tanto, la pareja siguió andando a través del pasillo. Rebecca contuvo las lágrimas. Sabía que algo estaba pasando. Algo ocurría. Tenía frío, éste calaba en sus huesos implacablemente y percibía que algo se movía a su alrededor. Al mismo tiempo, Gabriel la acariciaba el antebrazo suavemente, cómo tranquilizándola. ¿Es qué él no sentía nada? ¿No percibía nada de lo que ocurría a su alrededor?

Un grito desgarró el silencio. La pareja se paró en el acto y Rebecca araño el brazo de Gabriel, qué, a su lado, había comenzado a temblar y su corazón se había encogido al tamaño de un puño por un momento…


 

4 comentarios »

  1. [~Lau~] escribió,

    O.O Halaaaa!!

    Yo soy Rebecca y hace rato que le hubiera partido la cara (con todo mi amor y cariño) a Gabriel… vamos, a mi no había fuerza humana que me retenga ahi toda la noche, antes me suicido mordiendome la lengua (Dios, necesito un psicologo, llevo las cosas hasta unos extremoos… -.-”)
    Anda que el Gabriel, que pillin! que al principio iba a por lo que iba! menudo pilliiiin!! xD
    Aiiiins, a mi lo de la sombra que les acechaba me ha dado un yuyu tremendo, vamos hubiera salido escopetada de alli, vamos, si hace falta dormia en el coche con el abrigo y a tomar por saco xD yo miedo no paso xD
    Bueno esta genial, continualo prontito que quiero leer la acontinuacion ya, que quiero ver que pasa con la pareja… madre mia, ya les veo muertos xD no, Laura, piensa positivamente xD Bueno, te abandono ya, que me tengo que ir a hacer un examen… deseame suerte >.<

    Besos!! continualo prontito!!

  2. carlaiel escribió,

    Pronto la colgaré *_* Espero que os guste!!

  3. Secu Stradd escribió,

    uoooo que mieduquiii!!

    me recuerda a El Cerdo Maldito xD “no se si fue mi corazon lo que oi tan fuerte,pero algo cayo en el piso de arriba y rodo” (que sera??*chananan*)

    jajaja

    y tambien me recuerda que tengo la coleccion completa de Poe esperandome *babas*

  4. Ensimismada escribió,

    Me gusta, si. Tiene un toque ‘David Lozano’; me recuerda a la escena de la pelea final con el vampiro en LPO, jeje.
    Un consejo, intenta controlar los laismos.


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